Recuerdo la
primera vez que leí un poema de Gabriela Mistral como una de las experiencias más
exuberantes y desconocidas de mi vida.
Esta suerte de
lectura me hizo buscar, investigar y, de manera precipitada pero no errada,
declararme admiradora eterna de su obra y de ese nombre tan peculiar que
todavía hoy recuerdo con precisión: Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy
Alcayaga.
Conocida
mundialmente por su pseudónimo, esta increíble poetisa nació el 7 de abril de
1889 en Vicuña, ciudad chilena que hoy posee un museo dedicado a ella.
Sin embargo su
amado pueblo, como Gabriela decía, era Montegrande y así lo demostró hasta el
día de su muerte cuando donó parte de su dinero a los niños pobres de este lugar.

