martes, 20 de mayo de 2014

Ay amor! Bola de nieve

Para agasajar la memoria de ese grandísimo de la música cubana, acá les dejo un poco de su corazón y de su alma, esa que le desbordaba el cuerpo y se le escapaba por la garganta.

Yo soy la canción que canto


La legendaria Rita Montaner lo bautizó con su nombre artístico allá por los años 30. La cabeza rapada y la tez negra, le valieron el  simpático sobrenombre que lo consagraría como  uno de los músicos más geniales y carismáticos de la historia del pentagrama cubano.
Ignacio Jacinto Villa,  conocido como “Bola de Nieve”, constituye uno de los artistas más universales que ha dado la isla de Cuba.
 Guanabacoa recibió su nacimiento hace exactamente 102 años y de esa ciudad  -toda una amalgama de tradiciones populares-, absorbió la personalidad  creadora, bohemia y picaresca que lo inmortalizaría más allá de las fronteras nacionales.
Desde su voz ronca pero profunda, interpretó boleros, canciones de cuna y pregones auténticamente criollos, porque  fue un acérrimo defensor de la cubanía.
Temas musicales como Mama Inés, Drume negrito y Tú no sabe inglé, Vito Manué – poema de Nicolás Guillén musicalizado por Eliseo Grenet-, constituyen hoy un mito de la cultura nacional.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Diabetes mellitus, ¿enfermedad de famosos?



Cuando el reconocido director de cine Woody Allen recibió el galardón Príncipe de Asturias en 2012 dijo: “No merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco la merezco”.
 Así asumió por vez primera el cineasta americano su enfermedad, padecimiento que en la actualidad afecta a 366 millones de personas en todo el orbe, según datos de la Federación Mundial de Diabetes, entidad atendida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 Al igual que Allen, otras célebres figuras de la industria del entretenimiento conviven hoy con ese trastorno metabólico que afecta diferentes órganos y tejidos del cuerpo, y se caracteriza por el aumento de los niveles de glucosa en sangre.

lunes, 7 de octubre de 2013

La era de los golpes y la autocensura



Convocan a reunión y decido no asistir. Por vez primera decido callar lo que pienso para no agitar el cielo y crear nubes negras. Sin embargo queda el vacío en el pecho. Mi vocación de periodista no me permite el silencio, pero en esta era de violencia y golpes, cedo a la corriente de personas mudas y ciegas.
Cuestiono mi función social en un ejercicio de auto-reconocimiento: ¿no es el reportero vocero por excelencia de todas las causas y la espada contra las injusticias?
 La respuesta encontrada no me satisface. Alguien dice: ¡Lourdes, déjate de boberías y no digas nada que nos vas a meter en problemas!

lunes, 1 de julio de 2013

La música no se toca…

Los legendarios Ella Fistzgerald
y Louis Armstrong
A veces pienso que traiciono mi esencia cuando aseguro que la música, de todas las artes existentes, es la que más me conmueve.
 Pensaría mi mamá que por haberme guiado a temprana edad por caminos de tandiús, punteos y giros, yo debería amar con pasión desmedida a la danza.
Sinceramente lo hago, y aclaro, amo únicamente a la danza moderna y contemporánea, pero con la música siento que florecen sensaciones insospechadas dentro de mí.
A veces, cuando intento describir lo que siento al oír algo que me gusta, digo a todos que es como si un hilo de corriente me entrara por la punta de los dedos y me recorriera cada centímetro del cuerpo. Eso sólo me sucede con la buena música.

jueves, 20 de junio de 2013

A Dunia…


Aún recuerdo la primera vez que vi a Dunia. Estaba sentada en el piano de la Escuela de Arte, con su pelo rubio y largo,  moviéndose al compás de unas manos que recorrían hipnotizadas las teclas del instrumento.
 No supe en ese momento que sería mi amiga eterna, tampoco sabía que por designios de la vida en algún momento la dejaría de ver. Y no se trata de muerte,  Dunia es demasiado grande para morir.
 Dos océanos nos separan físicamente. Hace apenas unos días se fue sin mirar atrás, o miró hacia atrás y con razón y en secreto se alejó de sus seres queridos.

martes, 7 de mayo de 2013

Amanezco sin mis alas


Lianet, Charo y yo en
los carnavales universitarios
Cuando terminó la universidad me alegré de dejar detrás esa etapa de mi vida. Secretamente ya estaba cansada de tantos baños fríos, comidas sin sabor y sueños truncados por el dolor de columna, provocado por mi delgado colchón.
Estaba además loca por poder disfrutar de la tranquilidad de mi casa en las mañanas, tomar una buena taza de leche con café y amanecer junto a Alain.
Eso era todo lo que anhelaba en ese momento.
Llegó entonces mi primer septiembre de trabajadora. Lista para comenzar una nueva etapa de mi existencia, me levanté temprano (cosa que usualmente obviaba en la universidad), me vestí apresurada y partí para el lugar que me recibiría, por vez primera, como una periodista oficial.
Durante toda mi primera jornada algo me faltó. Creo que ni la taza de café con leche, ni el amanecer en paz, me proporcionaron la alegría con la que normalmente recibía el día en la Universidad Central de Las Villas.