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jueves, 20 de junio de 2013

A Dunia…


Aún recuerdo la primera vez que vi a Dunia. Estaba sentada en el piano de la Escuela de Arte, con su pelo rubio y largo,  moviéndose al compás de unas manos que recorrían hipnotizadas las teclas del instrumento.
 No supe en ese momento que sería mi amiga eterna, tampoco sabía que por designios de la vida en algún momento la dejaría de ver. Y no se trata de muerte,  Dunia es demasiado grande para morir.
 Dos océanos nos separan físicamente. Hace apenas unos días se fue sin mirar atrás, o miró hacia atrás y con razón y en secreto se alejó de sus seres queridos.

martes, 7 de mayo de 2013

Amanezco sin mis alas


Lianet, Charo y yo en
los carnavales universitarios
Cuando terminó la universidad me alegré de dejar detrás esa etapa de mi vida. Secretamente ya estaba cansada de tantos baños fríos, comidas sin sabor y sueños truncados por el dolor de columna, provocado por mi delgado colchón.
Estaba además loca por poder disfrutar de la tranquilidad de mi casa en las mañanas, tomar una buena taza de leche con café y amanecer junto a Alain.
Eso era todo lo que anhelaba en ese momento.
Llegó entonces mi primer septiembre de trabajadora. Lista para comenzar una nueva etapa de mi existencia, me levanté temprano (cosa que usualmente obviaba en la universidad), me vestí apresurada y partí para el lugar que me recibiría, por vez primera, como una periodista oficial.
Durante toda mi primera jornada algo me faltó. Creo que ni la taza de café con leche, ni el amanecer en paz, me proporcionaron la alegría con la que normalmente recibía el día en la Universidad Central de Las Villas.

viernes, 5 de abril de 2013

Mi primer amor…


 Lo conocí cuando en un arranque de locura mi madre decidió cambiarme de aula, justo en los primeros días de mi sexto grado.

 Yo estaba acostumbrada a mis amigos, pero mami decidió que debía estudiar en el mejor destacamento de mi primaria “Armando Mestre Martínez”.
 Entre caritas nuevas lo encontré a él, motivo de mi atención inmediata; y para darme en la vena del gusto me sentaron a su lado. Ahí comenzó el mejor curso escolar de mi vida.
René me enseñó a competir para terminar los cálculos de primera, a hacer la tarea en la escuela para tener tiempo en la casa, a no salirme de la línea al hacer las eles y a quererlo con el corazón.
 No sabía bien a esa edad que era lo que sentía por él, sólo sé que cada mañana esperaba verlo entre la multitud roja que inundaba la escuela.