Lo conocí cuando en
un arranque de locura mi madre decidió cambiarme de aula, justo en los primeros
días de mi sexto grado.
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Yo estaba
acostumbrada a mis amigos, pero mami decidió que debía estudiar en el mejor
destacamento de mi primaria “Armando Mestre Martínez”.
Entre caritas nuevas
lo encontré a él, motivo de mi atención inmediata; y para darme en la vena del
gusto me sentaron a su lado. Ahí comenzó el mejor curso escolar de mi vida.
René me enseñó a competir para terminar los cálculos de
primera, a hacer la tarea en la escuela para tener tiempo en la casa, a no
salirme de la línea al hacer las eles y a quererlo con el corazón.
No sabía bien a esa
edad que era lo que sentía por él, sólo sé que cada mañana esperaba verlo entre
la multitud roja que inundaba la escuela.
